Si partimos de la idea de
que el Plan Puebla- Panamá (PPP) está concebido como una estrategia de desarrollo que desborda las
fronteras nacionales y que responde a las necesidades de expansión de las redes
empresariales globales, podemos encontrar que las movilizaciones sociales
opositoras al PPP son manifestaciones de la sociedad que se oponen a los
efectos negativos derivados de la expansión global del capitalismo y a las
condiciones desventajosas en que se insertan a éste las comunidades locales.[1]
Ello debido a que
proyectos como este no hacen más que explotar los recursos naturales y
energéticos, producir contrarreformas agrarias para enajenar tierras de uso
ejidal y comunal, violar los derechos humanos de las comunidades indígenas al
expulsarlas de sus poblaciones, además de que no permite el diálogo ni la
participación local para lograr un consenso en torno a la puesta en práctica de
dicho proyecto. Asimismo, el PPP con su planeación de carreteras, presas,
plantas industriales y ampliación de vías ferroviarias, entre otras obras,
implica no sólo el desplazamiento de cientos de comunidades sino también la destrucción
del ecosistema, considerado como uno de los más importantes del mundo por sus
reservas naturales, además de constituir el espacio histórico y de identidad
cultural en el que han habitado los pueblos desde hace cientos de años.
En este contexto, el PPP ha sido cuestionado por innumerables
comunidades y organizaciones sociales porque en ningún momento se ha tomado en
cuenta su opinión, es decir, porque el poder del capital continúa utilizando a
las comunidades indígenas y campesinas, e ignorando las reivindicaciones de los
movimientos sociales de la región. Por tanto, es importante destacar la
gran cantidad de organizaciones sociales que rechazan el PPP ante los efectos
negativos que representa y que no se traducen únicamente en la devastación
ecológica y las intenciones desarticuladoras de la vida campesina e indígena
que implica el plan, sino también de una ofensiva que intenta
golpear políticamente a los diferentes frentes de resistencia que existen en la
zona mexicana y en las regiones centroamericanas.
[1] Felipe Torres Torres y José Gasca
Zamora (coods.), Los espacios de reserva en la expansión global del capital. El sur-sureste
mexicano de cara al Plan Puebla-Panamá, UNAM, Plaza y Valdés editores,
México, 2006, p. 301.
