Hace ya como medio año, junto con unos compañeros de clase decidí ir a visitar el municipio morelense de Huitzilac, reconocido por su cercanía a las famosas Lagunas de Zempoala. Fue un viaje sumamente interesante debido a que las personas en el pueblo eran muy cordiales. Sin embargo, como el municipio era muy pequeño, tuvimos la necesidad de ir a conocer las famosas lagunas, por lo que emprendimos el viaje hacia este lugar.
Una vez ahí, pese a todas las dificultades que encontramos en el camino y que se relacionaban con el mal clima que prevaleció todo el día, pudimos conocer a un hombre que se dedicaba a la elaboración de productos artesanales. Así, el hecho de ver a una persona decorando con pinturas de colores las ollas de barro, me hizo valorar el trabajo de los artesanos mexicanos que más que vender sus productos bajo una lógica de mercantilización, realizan su trabajo por pasión, porque lo aprendieron de sus padres y abuelos y sobre todo porque esperan que su arte no desparezca.
Precisamente, ese es el legado que las manos artesanales pretenden dejarle a nuestro país, un legado que sin lugar a dudas se sobrepone al arte que se expone en los grandes museos o en las grandes galerías; este es un arte que engloba cultura, pasión y tradición y tan sólo por eso debe ser reconocido y valorado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario