viernes, 14 de marzo de 2014

De etnografía y algo más

Comienzo a pensar que ya en la vida personal me estoy tomando enserio la labor del etnógrafo, es decir, la de aquel sujeto investigador que por medio de la observación, (muchas veces participante) se introduce en el trabajo de descubrir las pautas culturales que existen en sociedades como la nuestra.
 
Así por ejemplo, como en mi clase de antropología social he realizado algunos trabajos en los cuales tengo que ir a diversos lugares y observar ciertos fenómenos sociales, ahora considero que estoy observando con mayor detenimiento sucesos que antes pasaban inadvertidos para mí.
 
Esto es importante debido a que en cualquier lugar se puede realizar el trabajo etnográfico, no obstante hay que señalar que este método antropológico describe un fenómeno social dentro de dos perspectivas: la  emic, es decir, desde un análisis en donde el investigador se encuentra dentro del objeto de estudio y  siempre se  expresa en primera persona, o desde la etic, en donde el investigador decide ir a analizar su objeto de estudio sin formar parte de él, por lo que entonces su descripción la realiza en tercera persona.
 
Entonces, al conocer estas dos perspectivas y haber realizado observación participante para comprender ciertos aspectos culturales en la ciudad de México, se encuentra que este método es de gran utilidad no sólo para el trabajo antropológico, sino también para realizar otros análisis que permitan conocer por qué las personas se comportan de cierta manera o no; por ello, es una buena herramienta para poder describir fenómenos sociales; sin embargo, el problema radica en poder separar cualquier análisis de la carga subjetiva que el investigador le puede dar a cierto fenómeno, de ahí que la interpretación que a veces se hace de un fenómeno en concreto puede tener diferentes explicaciones, en función de saber qué es lo que el investigador observó, para qué lo observó, dónde lo observó y finalmente cómo lo interpretó.

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