El
pasado sábado 22 de marzo como parte de mi tarea de antropología social tuve
que ir a la Villa para describir un lugar simbólico,
por lo que después de conocer varios recintos decidí ir a la capilla del
cerrito, significativa para el catolicismo en México debido a que fue ahí en
donde se dieron las tres apariciones de la virgen María a San Juan Diego. Así
que luego de escoger este lugar, me puse a leer la semblanza de afuera y
enseguida me dispuse a entrar, así que una vez puesto un pie en el recinto me
tuve que persignar en parte por respeto y también porque a veces las personas
de edad adulta te miran con desdén si entras sin hacerlo.
Dentro de la capilla del
cerrito, me quede un buen rato observando las pinturas murales de Fernando Leal
que se encontraban ahí, eran cuatro grandes murales muy coloridos, cada uno con
su inscripción y haciendo alusión a las apariciones de la virgen en aquel
lugar, además de que mostraban la misión evangelizadora de los españoles sobre
los indígenas durante la época de la conquista, por lo que esto me pareció muy
importante debido a que el autor de los murales se basó en el códice llamado Nican Mopohua del sabio indígena Antonio
Valeriano para hacer tales bocetos.
En suma, para no seguir
relatando mi estancia en este lugar, lo cierto es que los murales de esta capilla
me permitieron reflexionar acerca de la justificación de la religión católica para
convertir a los indígenas a esta fe y de lo que actualmente significa la religión
para las personas pues es bien cierto que las prácticas, simbolismos y rituales
que giran en torno a ella son algo profundamente enraizado dentro de nuestra
sociedad.
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