El movimiento indígena en América Latina hoy día está planteando nuevas lógicas
para perturbar el orden hegemónico y construir otros tipos de sociedades más
justas y equitativas. En este sentido, el desencuentro entre los gobiernos
progresistas y los movimientos indígenas se ha generado debido a la demanda de
los movimientos por Estados plurinacionales; en la defensa de los recursos
naturales, el agua y la tierra; en las demandas sobre los derechos colectivos y
el principio de autodeterminación.
Por ello, se apela al reconocimiento de sus
demandas pues de otra manera será sumamente difícil salir de la actual
situación que se vive en Latinoamérica, ya que son precisamente los movimientos
indígenas los movimientos que están
comprometidos con la vida, los que nos dan lecciones de justicia, de equidad,
de respeto y de dignidad. Son ellos quienes más han resistido la embestida de
la colonialidad del poder y del capitalismo en todas sus expresiones. Así,
después de más de 500 años de experiencias traumáticas han emergido reafirmando
sus identidades y sus modos de concebir la naturaleza para demostrarnos que es
posible pensar de otra manera, admitir otras racionalidades, transitar otros
caminos pues el que estamos caminando está a punto de llevarnos a la
catástrofe.
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