Este filme pone al descubierto la realidad de
miles de niños y niñas en el mundo que son víctimas de la violencia, de la
discriminación, de la explotación o incluso de la guerra. Esta película sin
lugar a dudas expone la situación por la que los infantes tienen que pasar y
que muchas veces se relaciona con el escenario concreto de los Estados en que
tales realidades se producen. Así por ejemplo, el primer caso se sitúa en el
continente africano, después se ve el caso de los gitanos, de las comunidades
afrodescendientes en EEUU, de Brasil, de Italia. Lo que demuestra que la
situación de vulnerabilidad de los niños no excluye continentes, regiones o
países, pues en todos lados se conocen estos temas.
En lo personal, uno de los casos que más
llamó mi atención fue el de Tanza, el
niño africano que estaba involucrado en la guerrilla y que pudo haber sido
capaz de disparar un arma. Este breve caso sobresale porque al final se ve cómo
Tanza tiene que ir a dejar una bomba en una escuela y al ver el pizarrón y leer
las preguntas que estaban inscritas en él, el niño es capaz de responderlas y
no hace más que derramar sus lágrimas. Lo que demuestra que muchas veces los
conflictos armados en el mundo requieren de la utilización de niños para
prepararlos en la milicia y volverlos mercenarios, negándoles toda posibilidad
de vida pues es evidente que no existe futuro para nadie que se involucre en las
guerras. Así, los niños son despojados de sus hogares, de sus escuelas o de sus
comunidades para ser reclutados por militares que sufrieron la misma suerte que
ellos, y que no obstante, la situación los obliga a convertirse en asesinos
porque esa es la ley de la guerra: matar o morir. Sin embargo, lo que nadie ve
es que detrás de estos conflictos existieron una serie de relaciones de poder
que perpetuaron estas formas de violencia, y que fueron precisamente el reflejo
de la sociedad en que estos niños se desarrollaron.
Finalmente, aunque sepamos que las causas de
estos problemas devienen de fallas estructurales dentro del sistema mundial, lo
cierto es que así como los niños son de
nadie, en realidad son de todos y en esa justa medida es que es nuestro
deber poner atención sobre estas situaciones que vivimos día a día y a las que
no podemos ser indiferentes pues como lo diría Antoine de Saint-Éxupery:“Todas las personas mayores primero fueron
niños (pero pocas lo recuerdan)[1]”.
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