¿Estamos viviendo una crisis civilizatoria? La respuesta obligadamente
es sí. En efecto, tal como lo señalan Oscar Ugarteche y Eduardo Martínez-Ávila,
la humanidad está asistiendo la presencia de una crisis de naturaleza compleja,
“Una crisis de sobreproducción en la que la economía mundial privilegia el capital
financiero transnacional en detrimento del capital productivo y de la
participación activa del Estado, fomentando la concentración del ingreso en el
complejo financiero bancario y en los sectores extractivos y energéticos”[1], de modo que este proceso
de financiarización ha llevado a la creación de una economía ficticia, incluso
más grande que el PIB real.
En este sentido, como la riqueza mundial sale de la
producción real, eso exige una concentración del ingreso mundial y de los
ingresos nacionales y requiere de la liberalización de los mercados financieros
del mundo. Así, mientras Europa, Estados Unidos y Japón se encuentran en una
crisis financiera de sobreproducción y fiscal, en América Latina existe una
especulación de materias primas en el mercado de derivados.
De suerte que, la
demanda creciente de commodities (mercancías)
hace que las economías exportadoras de materias primas crezcan mientras que las
maduras no lo hagan. De ahí que autoras como Maristella Svampa llamen a este
nuevo proceso como el Consenso de los
commodities “El ingreso a un nuevo orden económico y político sostenido por
el boom de los precios
internacionales de las materias primas y los bienes de consumo”[2].
Por ello, cabe señalar que la crisis civilizatoria trastoca todos los órdenes y que responde al agotamiento del modelo de producción capitalista que evidentemente no se autorregula solo y que a la vez genera sus propias contradicciones. En consecuencia este modelo no hace sino seguir acentuando la desigualdad y pobreza en todo el mundo.
Por ello, cabe señalar que la crisis civilizatoria trastoca todos los órdenes y que responde al agotamiento del modelo de producción capitalista que evidentemente no se autorregula solo y que a la vez genera sus propias contradicciones. En consecuencia este modelo no hace sino seguir acentuando la desigualdad y pobreza en todo el mundo.
[1] Oscar
Ugarteche; Eduardo Martínez-Ávila, La
gran mutación. El capitalismo real del siglo XXI, México, IIE-UNAM, 2013,
p. 27.
[2] Maristella Svampa, “Consenso de los
commodities, giro ecoterritorial y pensamiento crítico en América Latina” OSAL y CLACSO, núm. 32, Argentina, noviembre de 2012, p. 16
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