La construcción de la hegemonía estadounidense tiene que ver con la idea de que Estados Unidos intenta imponer por la fuerza los valores universales
liberales que deben regir al mundo entero, a la vez que se intenta construir un paradigma de
referencia y sancionador cuya finalidad es concebir una sola concepción del
mundo y valores universales como la perspectiva civilizatoria que debe ser reconocida
por todos.
De esta manera, es necesario para imponer la hegemonía, el mantenimiento de la fuerza
militar y la capacidad de usarla en defensa de los intereses estadounidenses.
Así pues, cuando el horizonte de la hegemonía se amplió como resultado del fin
de la Guerra Fría al ser incorporados a la esfera capitalista los países que
formaban parte de la URSS, es evidente que la situación se hizo más caótica, ya
que por mucho poder que dispusiera EEUU las fuerzas sociales siempre han
buscado su emancipación.
Sin embargo, es evidente que ni el capitalismo, ni la hegemonía estadounidense ni todo su poder militar han logrado someter a la resistencia popular emancipadora que más bien se renueva en todas partes del planeta ahí en donde los efectos de este nuevo orden mundial se han resentido con mayor fuerza.
Han sido justamente
las expresiones sociales las que han impedido históricamente que los
imperios, hoy potencias hegemónicas continúen con la extracción de los
recursos, con la explotación de las personas y con la destrucción de las formas
de vida de los pueblos de todo el mundo.
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